Desde el naming hasta el labeling, todo en Clarica parte de un mismo gesto: aprovechar la fruta que se desperdicia para dejar las cosas claricas. La dirección de arte audiovisual juega con la estética popular y costumbrista, pero con una ejecución cuidada, elegante y contemporánea. Por otro lado, para la creación de la botella, nos saltamos las reglas del mundo del packaging para sorprender con una etiqueta pequeña que simulase las pegatinas de fruta que se vende en el mercado. Al fin y al cabo, lo importante de este tercio es la fruta que contiene. La campaña incluye landing propia, distribución selectiva, acciones locales con presencia internacional y una narrativa que mezcla sátira, conciencia y verano. Porque Clarica no solo entra bien. También da qué pensar.