¿Qué es esto?

Limonar de Santomera nos pide seguir acercando su relato al público final. No para vender más limones, sino para conseguir algo más difícil: que el limón de Santomera se valore casi como una denominación de origen. Porque solo así, desde la cultura popular y la conciencia del consumidor, podrá defenderse frente a una competencia que juega con otras reglas.

¿Cuál es el problema?

El limón es una fruta silenciosa. No se come a bocados ni se celebra en el postre. Acompaña, adereza, se da por hecho. Y justo ahí está el problema: nadie se pregunta de dónde viene ni qué hay detrás. En un mercado dominado por la sobreproducción, la presión internacional y los descartes estéticos, esta falta de conciencia convierte al limón —y a quienes lo cultivan— en los grandes invisibles del sistema.

¿Cuál es la premisa?

Solo en la última campaña, en España se tiraron más de 400.000 toneladas de limón. Fruta perfectamente válida que se descarta por exceso de oferta o por no ser “bonita”. Una tragedia silenciosa que afecta al campo, al medioambiente y al sentido común. Si el limón se tira por feo, y nosotros no tiramos ni uno, ¿por qué no convertir ese descarte en un producto con voz propia? Y si queremos colarnos en la conversación pública, ¿por qué no hacerlo a través de la bebida más compartida de Europa?

¿Y qué habéis hecho?

Hemos creado Clarica, una cerveza rubia elaborada con limones de Santomera que estaban destinados a la basura. Pero también hemos creado una marca, un relato y un símbolo. Clarica no es una cerveza con limón. Es una cerveza hecha con limones. Y no con cualquiera: con los que nadie quiere. Una rubia muy murciana, muy fresca y muy clara, que denuncia el desperdicio desde el humor, el diseño y el arraigo. Un proyecto que convierte el residuo en conversación, y la conversación en conciencia.

Craft

Desde el naming hasta el labeling, todo en Clarica parte de un mismo gesto: aprovechar la fruta que se desperdicia para dejar las cosas claricas. La dirección de arte audiovisual juega con la estética popular y costumbrista, pero con una ejecución cuidada, elegante y contemporánea. Por otro lado, para la creación de la botella, nos saltamos las reglas del mundo del packaging para sorprender con una etiqueta pequeña que simulase las pegatinas de fruta que se vende en el mercado. Al fin y al cabo, lo importante de este tercio es la fruta que contiene. La campaña incluye landing propia, distribución selectiva, acciones locales con presencia internacional y una narrativa que mezcla sátira, conciencia y verano. Porque Clarica no solo entra bien. También da qué pensar.

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